Sociedad y perfume

Los perfumes, del mismo modo que los olores corporales, estimulan la imaginación y el deseo sexual, y confieren a quienes los usan con frecuencia lo que Schleidt, citando a Swang, llama «una segunda naturaleza».

Por tanto, si el olfato, a través de las señales odoríferas que alcanzan los centros cerebrales de la emotividad y de la afectividad, interviene en la sexualidad, la alimentación, los estados de ánimo y el carácter, es decir, en los impulsos básicos del comportamiento, debe dársele la importancia que tiene en relación con las zonas más profundas de la conciencia y conducta humanas.

Las tendencias sociales que en el umbral del siglo XXI parecen revalorizar las emociones y la afectividad del hombre, situándolas en el mismo plano que los conocimientos, han dado al perfil y al trabajo del perfumista una nueva e importante dimensión.
perfumesLa sexualidad; en su doble dimensión de rol social y fuente de placer erótico, continúa siendo el elemento básico a la hora de diseñar algunos perfumes y las consiguientes campañas de publicidad.

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