Atenas: el perfume se democratiza

En la polis de Atenas, el status social de los perfumistas era bastante alto, y estaban considerados los arbitros de la moda y la elegancia. Sus tiendas eran frecuentadas tanto por jóvenes como por adultos, para informarse y estar al día no sólo de las últimas novedades en perfumería, sino también de los últimos tejidos, la forma de los peplos o los más novedosos tintes de la clámide.

Estas veleidades, nunca bien vistas en las polis más tradicionales como Tebas o Esparta, eran también criticadas en el seno de la comunidad ateniense; Sócrates, por ejemplo, habló de la perniciosidad de los perfumes «ya que, cuando ambos se perfuman, no es posible distinguir a un hombre libre de un esclavo», e incluso el tirano Solón llegó a promulgar leyes restrictivas sobre su uso.

Sea como fuere, estos y otros juicios peyorativos apenas afectaron el gusto griego por las esencias aromáticas, reflejado en una de las prácticas más arraigadas de dicha cultura: el baño. Tanto en su dimensión pública como privada, era costumbre culminar la labor higiénica y purificadora del baño ungiendo el cuerpo con varios aceites olorosos, reservados cada uno de ellos a una parte determinada: mejorana para el cabello, menta para los brazos, tomillo para las piernas y aceite de palma para el pecho. Asimismo, era costumbre ofrecer a un invitado un baño de pies, por lo general en agua aromatizada con vino, especias o nardo.

Los griegos asociaban también el olor agradable a la profilaxis, en oposición al hedor de la podredumbre. Según la leyenda, Hipócrates de Cos, el médico más célebre de la Antigüedad, combatió con éxito una epidemia de peste que amenazaba con acabar con la ciudad de Atenas quemando plantas aromáticas en grandes hogueras distribuidas por las calles. A los aquejados de jaquecas, mareos o ansiedad se les recomendaba untarse la nariz con aceite de rosa, para que los efluvios del perfume aliviaran sus dolencias. Los griegos, que importaban los perfumes de Oriente, pronto se convirtieron en verdaderos expertos en su elaboración, en la que empleaban extractos de diversas plantas (nardo, rosa, mejorana, iris, flores de vid) y esencias de flores, como la violeta.

Han llegado hasta nuestros días los nombres de algunos de los más celebrados, de entre los que destacaba el panathenaicon, un perfume de lujo cuyo precio, al parecer; estaba en consonancia con su fama. También se tiene noticia de numerosos tratados de cosmética y perfumería, el más famoso de los cuales sería el escrito por la cortesana Aspasia, que permaneció celosamente guardado en Delfos y Citera. De hecho; numerosos escritos contemporáneos deploran los excesos hedonistas de una juventud demasiado preocupada por su belleza, que se pasaba la mayor parte del tiempo «revolcándose en afeites y olores» para mejorar su aspecto.

fragancias

Cerámica ática que muestra a un hombre obsequiando un frasco de ungüento aromático a una dama de la alta sociedad ateniense.

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