Diferentes tipos de olores

Entre los «olores de civilización» figuran los olores desagradables de los gases emitidos por los tubos de escape de los automóviles, las fábricas, el tabaco, etc., y los olores agradables de los cosméticos, los perfumes, la ropa limpia; ciertos disolventes… Entre los olores relativos a la alimentación se encuentran los olores negativos producidos por los alimentos corrompidos o excesivamente cocidos o quemados; así como los que contienen un elevado índice de albúmina, y los olores agradables que producen los alimentos frescos, las bebidas y los guisos correctamente elaborados. Entre los olores de la naturaleza son considerados desagradables los producidos por materias vegetales o animales en descomposición, los excrementos y los vómitos, y agradables los relacionados con el bosque, la madera, las flores, las hierbas e incluso el heno, así como el mar, el aire, la tierra húmeda, etcétera. Por último, en el apartado de los olores humanos figuran primero los olores desagradables, como los producidos por las excreciones fisiológicas, las exudaciones, sobre todo el olor axilar, y la halitosis, y en segundo lugar, los agradables, entre los que están los propios olores corporales y los de las personas queridas (hijo, pareja, etc.), y los sexuales. Al igual que los restantes mamíferos, el hombre desprende señales odoríferas, ya que dispone, como aquéllos, de glándulas específicas, las llamadas glándulas apocrinas. Estas glándulas, que son sudoríparas, no se desarrollan plenamente hasta la adolescencia, cuando son estimuladas por las hormonas. Aun cuando los componentes químicos no son suficientemente conocidos, se ha convenido en que son ellas las que producen el «olor corporal», que es retenido por el vello de las axilas y de los órganos genitales. Pero el olor corporal está condicionado, además, por la diferente distribución y número de las glándulas apocrinas según las razas, la alimentación y los hábitos de vida, lo cual identifica a cada individuo y determina la percepción de extrañeza en los otros. También el sexo otorga unas características odoríferas particulares, de modo que el hombre y la mujer desprenden un olor distinto, y más intenso el de ésta que el de aquél. Así mismo, las alteraciones metabólicas o determinadas patologías producen olores particulares, como el fétido de los trastornos hepáticos, los cánceres, etc.; también los estados de ánimo provocan olores específicos, como el característico «olor del miedo». Precisamente, en la interrelación entre los estados anímicos y los olores reside en buena parte el origen de los perfumes.perfumeLos olores denominados «frescos» son aquellos que poseen la agradable cualidad de dilatar las vías respiratorias. Sin embargo, si imaginamos una fuente de agua estancada en este bello paraje, la lectura olfativa puede ser muy diferente.


Perfumes y fragancias

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