Francia toma el relevo

En el siglo XVII Francia asumió el liderazgo en todos los ámbitos relativos al perfume y los cosméticos, liderazgo que sigue ostentando en la actualidad (y ello a pesar de que Luis XIV el Rey Sol, manifestó a menudo su repugnancia por los perfumes, que, al parecer, le provocaban fuertes migrañas). Los orígenes de su supremacía deben buscarse en la regulación y formulación estatutaria de la profesión (1656), regulada de forma definitiva por Jean Baptiste Colbert, quien garantizó a los perfumistas el acceso a la importación de materias primas (almizcle, pachuli, sándalo) realizadas por la Compañía de Indias (1673).
Volvamos de nuevo la mirada a Grasse, la pequeña localidad provenzal donde habíamos dejado a los dos frailes perfumistas que formaban parte del séquito de Catalina de Médicis. Tras sufrir los embates de las guerras de religión, y en especial el contraataque de la Reforma, en 1601 la ciudad fue liberada por Enrique IV. A mediados de siglo se había convertido ya en la proveedora de las más importantes cortes europeas. Su privilegiada loca-lización le permitió erigirse como centro único del cultivo de variedades florales exóticas, como el jazmín o el nardo. Sólo tuvo que hacer frente a la competencia de la cercana ciudad de Montpellier.
Las damas que podían permitírselo guardaban sus afeites y perfumes en su toilette, que en esta época designaba únicamente un pedazo de tela (toile) o pañuelo de gran tamaño donde se guardaban los pequeños frascos o cajitas de hierbas o esencias. El afán por individualizar la fragancia convirtió a muchas cortesanas en verdaderas expertas en destilación, y elevó al rango de secreto de Estado la combinación de esencias que la convertía en «única». De entre todas las fragancias empleadas por las damas de la alta sociedad cabe destacar, por su versatilidad, el agua de Hungría, a la que, en la época, se le atribuían importantes propiedades medicinales, como combatir la tristeza y la melancolía, entre otras. El auge del consumo atrajo la atención de la ciencia oficial, entre cuya literatura cabe destacar los trabajos de Liébault (1628) y Tournefort (1698). Fue precisamente en este siglo cuando la elaboración de los perfumes inició un lento proceso desde la acumulación hasta la búsqueda de una cierta depuración de las fragancias que la acercó a las preferencias actuales.perfumesFrasco de porcelana para aguas de olor, decorado con una escena mitológica, fabricado en Urbino, Italia, hacia 1535.

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