Islam: el dulce aroma de la rosa

Otro lugar donde abundaban las materias primas para la elaboración de perfumes, de las que se abastecían las grandes culturas de la cuenca mediterránea; era Arabia, la cuna del islam. La corte abasí; dinastía con la que el mundo árabe vivió el momento culminante de su hegemonía, disfrutaba de los más sofisticados perfumes y afeites.

Según la tradición, fue Avicena quien, en el siglo V, introdujo en el mundo islámico el agua de rosas, aroma que junto al almizcle y el ámbar constituyen, aún hoy día, los elementos básicos de la «perfumería oriental». Además de la abundancia de materias primas, cabe adjudicar a la cultura árabe la invención y el perfeccionamiento de la destilación, proceso sin el cual la elaboración de perfumes resultaría hoy día inconcebible.

Entre las esencias obtenidas por dicho proceso cabe citar el cálamo, el cedro, el incienso e innumerables flores, de entre las cuales la rosa ocupó siempre un puesto de honor, símbolo de la pureza y de la sabiduría de Alá. Así, el agua de rosas era empleada tanto en la higiene personal como para perfumar estancias, ropas, muebles e incluso fuentes.

El componente simbólico de la rosa, antes apuntado, queda confirmado con la anécdota histórica protagonizada por el gran Saladino, que mandó rociar íntegramente la mezquita de Ornar con agua de rosas para purificarla. Otro aroma muy valorado por la cultura árabe fue el almizcle, muy ligado a la espiritualidad islámica, como lo demuestra el hecho de que, junto con el azafrán y el trigo, son los tres elementos constitutivos del Paraíso tal y como lo definió Mahoma.fraganciasLa rosa; aquí presente en un detalle de la decoración mural del Taj Mahal, era la materia prima preferida por los musulmanes para la confección de sus perfumes.

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