Madame Pompadour y l'eau de Cologne

Si la corte de Luis XVI se asocia con la majestuosidad, la de Luis XV lo es con la frivolidad. Otra mujer; la marquesa de Pompadour; tomó el relevo de Catalina como difusora de una práctica estética íntimamente relacionada con el perfume. Para Madame de Pompadour el perfumista era un artista, y cada año se gastaba grandes sumas en afeites y cosméticos. Como no podía ser de otra forma, las costumbres de la favorita del rey pronto suscitaron adhesiones; hasta el punto de que la corte de Luis XV fue conocida como la «corte perfumada». La fragancia más importante entre las empleadas por la marquesa de Pompadour procedía de Alemania (se decía que su receta había sido creada por el mismísimo Cagliostro) y se denominaba Kölnischwasser aunque el nombre que hizo fortuna fue la traducción literal de la cortesana: agua de Colonia. Leyendas al margen; la verdadera historia de esta fragancia retrotrae a la figura de un italiano casi desconocido, Giovanni (o Gian) Paolo Feminis; quien, a finales del siglo XVII; se trasladó a la ciudad germana provisto únicamente de la receta de una supuesta agua milagrosa que contenía bergamota, lavanda, romero y alcohol. Los usos de tan afortunada combinación eran muy variados (fricciones, desinfecciones menores), como corresponde a una época en la que el buen olor y la profilaxis iban de la mano. La receta pasó a su nieto Giovanni Maria, que le dio el nombre con el que adquiriría su fama universal. La fortuna de la empresa fue variable, pasando de mano a mano (uno de los eventuales propietarios fue un tal Jean-Marie-Joseph Fariña, cuyo producto fue muy apreciado por Napoleón), hasta asentarse bajo el nombre de Roger & Gallet, ya en pleno siglo XIX.
Volviendo al siglo XVIII, cabe señalar que en esa época el fabricante de perfumes más célebre era Jean-Louis Fargeon, proveedor oficial de la casa real, privilegio que heredó su hijo Jean-Louis. Otros afamados perfumistas fueron Jean-François Houbigant, quien en 1775 abrió en París la que se considera como la primera tienda especializada del ramo, y Jean-François Lubin, que fue el primero en exportar sus productos al pujante mercado americano. Houbigant no vendía sólo fragancias, sino también numerosos cosméticos, aceites y pomadas. El aumento de la demanda generó también una importante industria de envasado; principalmente radicada en Italia (Doccia; Cap o dimonte), cuyos productos son considerados hoy en día auténticas obras de arte. De entre los clientes de Jean-Louis Fargeon, el más distinguido fue María Antonieta; de quien se dice que le encargó nuevas fragancias incluso el mismo día de su ejecución.
La llegada de la Revolución Francesa interrumpió, como es lógico, la incesante demanda de perfumes de la aristocracia, poco interesada en hacer ostentación de su condición. Pasados los años más críticos; se comprobó que el gusto mayoritario había derivado, de las delicadas y algo empalagosas esencias de flores, hacia perfumes más contundentes y ásperos, como los basados en el almizcle o los cítricos.fraganciasEl artista francés Maurice Quentin de la Tour pintó a Madame de Pompadour; la favorita de Luis XV; en su faceta de amante de las artes y las letras. Igualmente aficionada a los cosméticos y perfumes; su toilette comprendía numerosas cajitas con afeites y esencias.

Perfumes y fragancias

cofre de cosmeticis egipcios
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