Percepción de los olores

La sensación olfativa que experimenta una persona es el resultado de un proceso que se inicia cuando un olor llega al aparato olfativo y, tras pasar por el cerebro, genera una reacción generalizada en todo el cuerpo. La señal tiene su origen en la nariz y de ella pasa, a través del sistema nervioso, a determinadas zonas del cerebro, donde se convierte en sensación. La zona olfativa se halla situada en el área superior y posterior de la cavidad nasal de cada una de las aletas de la nariz, y ocupa una superficie de unos 8 cm2. La superficie de la zona olfativa, como la del resto de la cavidad nasal, se sustenta en un soporte óseo recubierto por una mucosa que aquí, además de por las células secretantes de moco, está recubierta por células nerviosas y diminutas células de soporte; cuya misión es secretar un moco específico. Las células nerviosas de la zona olfativa, cuyo número se calcula en unos diez millones, se prolongan en filamentos o cilios, que constituyen el extremo del complejo mecanismo olfativo. Así, cuando una molécula odorífera llevada por el aire de la respiración llega hasta estos filamentos y se aloja en sus alvéolos o receptores, se produce una reacción química que excita las células nerviosas, las cuales, a través de sus conductos aferentes, envían una señal al cerebro. Los filamentos nerviosos se concentran en la nariz y forman un haz que, tras atravesar el hueso craneal que separa las fosas nasales de la cavidad cerebral (etmoides), penetra en el cerebro hasta llegar al denominado bulbo olfativo. Así; centenares de fibras olfativas situadas en la mucosa nasal se convierten en una sola célula encefálica.

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