Perfume e Imperio: La época de Napoleón

Con Napoleón en el poder, una nueva oligarquía pasó a cubrir el vacío dejado por la aristocracia tradicional, y sus gustos sobre los perfumes eran también exquisitos. Así, cabe hablar de nuevos soportes de moda como los bergamottes, cajitas de madera o cartón bellamente decoradas que se llevaban encima y contenían esencia de bergamota (de ahí su nombre) o, con menor frecuencia, de violeta o rosa. Las tradicionales toilettes fueron sustituidas por los neceseres, hechos así mismo de madera o cartón y que las damas ocultaban, como antaño, a los extraños.
El mismo emperador era un ávido consumidor de la Eau de Cologne de Jean-Marie Farina y aficionado al baño, que tomaba con un jabón aromatizado que pronto se popularizó entre los escalafones superiores del ejército. El carisma de Napoleón era tal que pronto toda la corte se encontró «sumergida» en la búsqueda de la higiene perdida, aunque no precisamente en agua, al menos por lo que respecta a las damas más importantes de la corte, que preferían la leche, a ser posible aromatizada con lavanda y otras sustancias olorosas. Por lo que respecta a la emperatriz, su afición a los perfumes y afeites era tal que, según los cronistas de la época, resultaba poco menos que imposible permanecer mucho tiempo en su toilette, pues se corría el riesgo de perder el conocimiento por lo cargado de la atmósfera. También se pusieron de moda las sales olorosas, que muchas mujeres llevaban consigo en todo tipo de receptáculos, como collares, anillos o bolsitas atadas a la muñeca; al fin y al cabo, una nunca sabía cuándo iba a resultar oportuno sufrir un desmayo. La industria del perfume pronto se dotó de complementos que, como los recipientes de cristal de Baccarat, fueron acentuando su carácter preciosista y exclusivo. Por lo que respecta a la célebre fábrica de vidrio fundada en 1822, al principio sus productos abarcaban un mercado más amplio, antes de convertirse en opción única de unas pocas marcas, a causa de su elevado precio. Por otra parte, nuevos avances técnicos facilitaron la vida a los adictos, como el vaporizador, ideado por el célebre gastrónomo Anthelme Brillat-Savarin. Entretanto, Grasse vivía su momento de máximo esplendor, de la mano de la expansión de la destilación industrial como el método más eficaz para extraer las esencias aromáticas, asentado definitivamente con los trabajos de Nicolás Leblanc y Michel-Eugéne Chevreul y, más tarde, con el Tratado de Química aplicado a las Artes, de Jean-Baptiste-André Dumas.coloniaAnuncio del Eau de Cologne de Jean-Marie Farina; proveedor de varias cortes reales europeas. Napoleón fue uno de sus clientes más asiduos.

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