Roma: perfume y decadencia

Por lo que respecta al tema que se está tratando, los perfumes, en pocos períodos históricos se percibe con tanta claridad dicha relación como en la época tardía del Imperio Romano. Según Plinio el Joven, el negocio del perfume movía a finales del siglo II d.C. cifras cercanas a los cien millones de sestercios, sobre todo en concepto de importaciones de Oriente, y en particular, de Arabia y la India.
Mucho antes de los turbulentos días del Imperio, cuando los alrededores de Roma estaban poblados por los etruscos, las propiedades olorosas de resinas y plantas como el mirto o el pino ya eran muy valoradas. Pueblo de costumbres austeras, el gusto de los romanos por el perfume tiene su origen en las tradiciones de los pueblos conquistados.
Los perfumes empleados en Roma eran de tres tipos: sólidos (en polvo o en forma de pastillas, denominados diapasmatá), ungüentos basados en una sola fragancia (rosa, manzana) y ungüentos líquidos cuya base era el aceite de oliva. Los ingredientes más comunes eran las esencias de flores (narciso, jazmín, lirio, azucena, violeta) y aceites extraídos de sustancias exóticas, como el sándalo. Los romanos dominaban así mismo la técnica de impregnar resinas o almizcle con esencias de cardamomo, azafrán o áloe para «fijar» su aroma, en un proceso que no era muy distinto de las prácticas actuales. Entre los perfumes más solicitados de la antigua Roma cabe citar el megalium, el malabathronum, el cyprinum, elaborado a partir de cypres y, sobre todo, el rhodinium, un aroma de rosas muy popular. Los mayoristas del ramo eran personajes muy respetados, y en Capua, el centro productor de perfumes del Imperio, contaban con un barrio propio. Al igual que en Atenas, sus establecimientos eran frecuentados por personajes destacados de la sociedad romana. Incluso han llegado hasta nuestros días los nombres de algunos perfumistas célebres, como Folia y Cosmus, que disfrutaron del favor del emperador y crearon recetas exclusivas para los dirigentes políticos. Las clases sociales altas gustaban de acicalarse con esmero, y no era de extrañar que la casa de un tribuno o un senador contara con uno o más criados dedicados exclusivamente a administrar los perfumes y cosméticos.fraganciasFresco pompeyano que muestra a unos amorcillos preparando diversos productos cosméticos. La similitud de los utensilios empleados con respecto a los propios de la confección de medicamentos indica la estrecha relación entre cosmética y profilaxis, propia de numerosas culturas antiguas.

Perfumes y fragancias

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