Vías nerviosas del olfato

Es en el bulbo olfativo donde se realiza la primera «lectura» del mensaje olfativo. El bulbo está situado en uno de los sectores filogenéticamente más antiguos del cerebro humano, el denominado sistema límbico, que es donde radican los sentimientos y los afectos. Este sistema, que rodea el tronco cerebral, tiene numerosas conexiones con otras zonas del cerebro, pero lo importante en este caso es que la información olfativa, a diferencia de las auditiva y visual, llega antes a una zona «emocional» que a las zonas de raciocinio y reflexión del cerebro. Sobre esta diferencia en el funcionamiento anatómico y fisiológico nervioso se sustenta el mayor efecto sensorial que provoca la percepción del olor en el hombre.
En el bulbo olfativo nace el tubo olfativo encargado de canalizar la información primaria a través del trígono olfativo, cuyos ramales se dirigen al tálamo, el hipotálamo y las amígdalas. En estas zonas cerebrales se alojan distintos grupos de neuronas que detectan, procesan y seleccionan las reacciones físicas y psíquicas provocadas por la percepción de un olor.
En el hipotálamo se alojan neuronas cuya acción modula el comportamiento de los individuos de acuerdo con el estado y el funcionamiento fisiológicos de su organismo. Como intermediario entre la corteza cerebral y un grupo de glándulas endocrinas controlado por las secreciones de la hipófisis; a la que está unido por el tronco pituitario; la actividad hipotalámica influye en el funcionamiento de estas glándulas regulando el comportamiento del organismo ante los factores; entre ellos los del olor; a los que sus centros nerviosos son sensibles.
Dicha actividad se realiza por medio de agentes químicos de tipo hormonal que; regulados a su vez por factores cerebrales; como las emociones; o sensoriales, como los olores, activan distintas glándulas secretoras vinculadas a los reflejos viscerales o al desarrollo vegetativo del organismo.
A modo de síntesis, puede decirse que el proceso que lleva a sentir un olor, desde su percepción hasta su transformación en una sensación, es el resultado de la compleja actividad del sistema olfativo. Esta actividad se inicia cuando las moléculas odoríferas estimulan químicamente los cilios o extensiones de las células nerviosas olfativas situadas en la zona odorífera de la cavidad nasal; continúa llevando la información por un haz nervioso que atraviesa el etmoides y la deja en el bulbo olfativo, localizado ya en el interior de la cavidad cerebral, en la zona del sistema límbico, es decir, en el sector vinculado a las emociones y los afectos; desde aquí, la información sensorial se distribuye a otras zonas del cerebro, la más importante de las cuales es el hipotálamo, cuyas neuronas inducen y regulan el comportamiento y las emociones del individuo según los estímulos recibidos y el estado y funcionamiento de su organismo.

Perfumes y fragancias

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