Ámbar u Oriental

Los perfumes ambarados, también denominados orientales, incluyen todos aquellos basados en las vainillas, resinoides, esencias balsámicas y notas animales marcadas, habitualmente relacionados con los intensos aromas de los países orientales. Deben su nombre de ambarados a una secreción de los cachalotes, llamada ámbar gris, que flota en el mar y es recogida por los pescadores en Madagascar y las Molucas, o se halla inesperadamente al despiezar algún cetáceo. Utilizado durante las primeras décadas del siglo XX, cuando los perfumes de gama alta contaban con un mercado muy restringido, en la actualidad se sustituye por elementos sintéticos. Las modas influyen también en los perfumes, pero estos eternos seductores siempre tendrán sus adeptos incondicionales.

Son perfumes intensos, dulces y, por ello, pueden resultar sofocantes con el calor y durante el día, en ambientes cerrados. Es en otoño, y sobre todo durante el invierno, cuando muestran todas sus facetas sensuales. Los perfumes ambarados son los mejores aliados de las prendas de lana y las pieles, pues unas y otras retienen su aroma durante semanas, y están indicados para las ocasiones especiales.

El árbol genealógico de los perfumes orientales empieza a desarrollarse en las primeras décadas del siglo XX con Ambre Anticue, de Coty (1905), y prosigue con L’Heure Bleue (1912) y Shalimar, de Guerlain (1925), y con uno de los míticos aromas de la perfumería española, Tabú, de Dana (1931). Favoritos de las mujeres durante décadas, la Segunda Guerra Mundial propició un cambio en favor de los perfumes más ligeros, y hubo que esperar hasta 1977 para que el éxito mundial de Opium, de Yves Saint Laurent, volviera a poner de moda este tipo de perfumes sensuales e intensos.

fragancias

De izquierda a derecha: Opium (Yves Saint Laurent), Samsara (Guerlain), Obsession (Calvin Klein), Spellbound (Estée Lauder) y Organza (Givenchy), fragancias encuadradas en la familia Ámbar u Oriental, la más opulenta y barroca.

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