Esencias sintéticas

Los avances científicos y tecnológicos que en el contexto de la Revolución Industrial se produjeron en Europa a partir del siglo XVIII, por un lado, y los cambios sociales y culturales que tuvieron lugar entonces, por otro, repercutieron profundamente en el campo de la perfumería. Ante las nuevas condiciones sociales y la necesidad de satisfacer las demandas de un mercado cada vez más amplio, las empresas perfumistas se vieron obligadas a abaratar los costos de sus productos y, al mismo tiempo, a mantener y mejorar más aún su calidad. Planteado el desafío, científicos y perfumistas lograron progresos técnicos tan espectaculares que en los inicios del siglo XX ya se habían sentado las bases de la perfumería moderna.
Al principio, las investigaciones se centraron en la mejora de las técnicas de elaboración y producción de los aceites esenciales de las plantas odoríferas y, sobre todo, en el proceso de aislar los principios odoríferos. Fue así como, gracias a la destilación fraccionada, se extrajo la esencia del toronjil, y merced a los métodos de cristalización, la esencia de menta. Si bien estos productos aislados eran aún sustancias eminentemente naturales, los químicos ya se hallaban en el camino que conducía a las sustancias aromáticas sintéticas. La hemisíntesis supuso un nuevo avance técnico que permitió crear determinadas sustancias aromáticas a partir de una esencia vegetal; así ocurrió con el terpineol, que evoca el perfume a lilas y que se creó a partir del terpeno aislado de la esencia de pino o aguarrás. El salto cualitativo que condujo de forma definitiva a la síntesis química estuvo asociado a los avances relacionados con el tratamiento de los hidrocarburos, y en particular con el refino del petróleo y de sus derivados. De este campo de investigación surgió el benceno, cuyos derivados tuvieron una rápida y amplia aplicación en perfumería, como fue el caso del alcohol feniletílico, que produce una suave fragancia a rosas; el ácido salicílico, del que se sintetiza la cumarina, que entra en la composición de perfumes tipo helécho; los acetatos de bencilo y paracresilc, básicos para las frescas fragancias de jazmín, etc. Simultáneamente, se produjeron moléculas odoríferas artificiales, como la vainillina, que huele a vainilla, benjuí y bálsamo del Perú; la heliotropina, que evoca el aroma del heliotropo; el almizcle, que reproduce las características odoríferas de la misma sustancia natural; las ironas; que huelen a violeta, etc. Así mismo, la reducción de los ácidos grasos produjo los aldehidos, que supusieron un nuevo y decisivo aporte a la perfumería, ya que su utilización acabó definitivamente con los prejuicios que limitaban la inclusión de las sustancias aromáticas sintéticas en la composición de los perfumes, desde que Aimé Guerlain creó Jicky en 1889. La síntesis de las sustancias odoríferas no se ha limitado a reproducir con más o menos fidelidad los productos naturales, sino que ha conseguido compuestos que no existen en la naturaleza, ya que huelen al mismo tiempo a varias flores diferentes o exhalan un aroma que recuerda, pero no reproduce, una fragancia concreta. Por otra parte, componentes sintéticos como los aldehidos grasos, con un característico olor a cera o a mantequilla rancia, no parecían tener un lugar en la perfumería hasta que, gracias a la intuición de Ernest Beaux, los aldehidos entraron en la composición del mítico Chanel N° 5. A partir de entonces, esta línea de productos sintéticos ha entrado a formar parte de numerosos perfumes, e incluso ha dado lugar a subfamilias como la floral aldehídica. Posteriormente, a partir de la segunda mitad del siglo XX, el desarrollo de los métodos analíticos, como la cromatografía, la espectroscopia y la técnica de headspace, ha permitido identificar muchas moléculas odoríferas y obtener su síntesis artificial, con el consiguiente abaratamiento de los costes de producción, reducción de los efectos ecológicos en el medio ambiente y, sobre todo, la singularización y persistencia de olores que en la naturaleza se presentan combinados y muy volátiles. Esta versatilidad, que también incluye su combinación con las sustancias naturales y la consiguiente obtención de nuevas fragancias que se suman a las clásicas, ha contribuido al auge de la industria perfumista y el desarrollo de la cultura del perfume en la sociedad moderna.perfume mujerEl desarrollo de las esencias sintéticas ha permitido abaratar el coste de muchos perfumes, al posibilitar la sustitución de los productos derivados de determinadas materias primas —el ámbar gris, la vainilla, el iris— por sustancias de análogas propiedades odoríferas obtenidas en el laboratorio.

Perfumes y fragancias

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