Floral

Las notas florales forman parte del repertorio del perfumista, ya que entran en la composición, bien como aroma básico o como complemento, de la mayoría de los perfumes que se comercializan hoy en día. La fragancia de las flores ocupa un lugar destacado en la percepción de los olores naturales; extraer su esencia para incluirla en una composición es uno de problemas a cuya resolución más tiempo han dedicado los perfumistas desde hace siglos. Por otro lado, el aroma de la flor en su ambiente natural es efímero; su olor empieza a alterarse poco después de ser cortada, y los cambios químicos que sufre durante los procesos de extracción desvirtúa aún más su aroma. Gracias a los modernos sistemas de análisis, como el headspace que se lleva a cabo en la naturaleza, se consigue captar el aroma mientras la planta lo libera. En la actualidad, gran parte de las composiciones florales comercializadas se basan en la información obtenida mediante este análisis. Por otra parte, los materiales sintéticos actuales permiten obtener aromas florales diferentes de los que existen en la naturaleza, pero que, al mezclarlos en la composición en diferentes proporciones, evocarán poderosamente el jazmín, el jacinto o las lilas. Tomando como ejemplo el olor puro a rosa, puede observarse que la esencia está compuesta por tres o cuatro sustancias que constituyen la mayor parte del producto, y que si se aislaran del resto, olerían ciertamente a rosa, aunque la mezcla tendría poco que ver con la fuerza, la intensidad o el interés estético del perfume de la flor. Es la combinación con otras sustancias, a veces más de cien y en cantidades ínfimas, la que hace que la esencia evoque las cualidades del perfume de la rosa.
Además de la presencia complementaria, el aroma floral como concepto olfativo principal da lugar a la familia de perfumes más amplia y con más variaciones, la familia Floral. Hojas, pétalos y tallos propician innumerables notas perfumísticas. Las variaciones que pueden conseguirse son casi infinitas, desde las más sencillas hasta las más sofisticadas; desde la fragancia de una sola flor hasta complejas composiciones de armonías. Las primeros perfumes florales se basaban en una sola flor, como Rose o Jasmin, ambos de Molinard y que datan de 1860, o las lavandas de tipo inglés, reservadas al público masculino, como English Lavender de Atkinson, de principios del siglo XX. A partir de la década de los veinte empezó el éxito de los compuestos florales, los llamados bouquet, que crearon escuela e inspiraron los perfumes que llegaron posteriormente como L’Air du Temps, de Nina Ricci, considerado el clásico más copiado de todos los tiempos. La incorporación de los aldehidos, en el Chanel Nº 5, abrió la puerta a otra gran subfamilia Floral con perfumes tan emblemáticos como Arpége (Lanvin, 1927) o Madame Rochas (Rochas, 1960).
En 1995 se incorporó la última subfamilia, la de los frutales, a la gran familia Floral. Y como muestra de la preferencia de los consumidores por este tipo de perfume es que, como se verá más adelante, las tres cuartas partes de los lanzamientos realizados por las empresas en los últimos años son variaciones de los perfumes florales.perfume mujerDe izquierda a derecha: Cheap&chic (Moschino), Noa (Cacharel), Trésor (Lancôme), L’Air du Temps (Nina Ricci) y Contmdiction (Calvin Klein); fragancias todas ellas pertenecientes a la familia Floral.

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