Lancôme

Pocas veces en la historia de la perfumería una misma firma ha realizado el lanzamiento casi simultáneo de cinco perfumes, menos aún si su creador es prácticamente un desconocido. Sin embargo, Lancóme nació así, de modo fulgurante: Armand Petitjean, uno de los más destacados perfumistas que trabajaban con el célebre Frangois Coty, decidió crear una casa propia de cosmética y perfumería. Para ello escogió un nombre fácil de pronunciar, que tomó de un castillo francés (Lancosme), y lanzó una línea de polvos de maquillaje, una colección de pintalabios y cinco excelentes perfumes: Conquête, una intensa fragancia de rosas; Kypre, un acorde de ámbar y jazmín; una fragante nota de magnolia, Tenadres Nuits, Bocages, una delicada nota de muguet; y Tropiques, una intensa fragancia especiada. Los cinco perfumes fueron premiados en la Exposición Universal de Bruselas de 1936, y encumbraron inmediatamente a Lancóme al éxito. La guerra significó sólo un paréntesis en la brillante carrera de Armand Petitjean, quien lanzó Marrakech en 1946, en un magnífico frasco de Lalique, y en los años siguientes Magie y una primera versión de Trésor. Para los dos últimos Serge Lifar presentó un ballet, Magie-Trésor. Pero llegó el momento de la retirada de Armand Petitjean, y la empresa atravesó dificultades económicas. El hijo del fundador, Armand Marcel, aceptó la oferta del grupo L’Oréal, que adquirió Lancóme en 1964. Con el apoyo financiero y las infraestructuras del grupo, la sociedad inició una nueva fase de expansión, jalonada de grandes perfumes: Climat, en 1967, Ô de, Lancôme, en 1969, y Magie Noire, en 1978, por citar sólo los más famosos. Siguió un largo «silencio» de la firma, que no lanzó ninguna fragancia nueva durante doce años. El éxito de sus productos de cosmética y la calidad de los perfumes que poseía ya el grupo L’Oréal (Armani, Cacharel, Ralph Lauren, Guy Laroche y Paloma Picasso) explican el paréntesis. Sin embargo, Robert Salmón, presidente de Lancóme, puso todo su empeño en retornar la casa a sus orígenes perfumistas, y así nació Trésor, en 1990. Se trataba de una nueva obra maestra de Lancóme, un perfume con la personalidad y la talla de un clásico, considerado por muchos como una de las diez mejores fragancias del siglo XX. perfumeLa estructura de Trésor se basa en pocos materiales, combinados en un solo acorde. El carácter unitario del perfume queda reforzado por la escasa incidencia de las notas de salida. Sin preámbulos, éste es uno de los pocos perfumes que, de inmediato, manifiestan su verdadera naturaleza, el aroma y estilo que mantendrán, sin cambios, durante horas. Esta cualidad es muy apreciada por el público americano, que desea valorar los resultados en el momento mismo de seleccionar el perfume.

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