Olor y perfume

El objetivo último del uso del perfume tiene un marcado carácter hedonista. Sin embargo, el mero hecho de perfumarse no asegura la consecución de dicho objetivo, ya que en los mecanismos olfativos entran en juego numerosos factores de tipo fisiológico, sicológico, cultural y social, entre otros, que también influyen en el comportamiento de las personas.
El primero de los olores de carácter erógeno que debe considerarse es el producido por el propio cuerpo humano. Los olores del hombre y de la mujer son diferentes, ya que se basan en químicas particulares propias de cada sexo y, en parte, su misión es despertar el impulso sexual. Así, algunos olores, generados por la actividad hormonal de las glándulas apocrinas en combinación con ciertas bacterias específicas, no desencadenan una reac ción biológica irresistible, sino que excitan los mecanismos sexuales, preparándolos para una actuación que se realizará o no en función del estado fisiológico y las condiciones y circunstancias en que se encuentren los individuos. En otras palabras, mientras que en las especies animales el olor, en la época de celo, desencadena una actividad sexual con finalidad reproductora, en el hombre provoca un impulso de atracción atenuado por condicionantes físicos, culturales, sociales, morales y religiosos.
El olor corporal se desarrolla a partir de la pubertad, coincidiendo con la madurez sexual. La función erógena de este olor no sólo se verifica a raíz de su localización en las zonas pilíferas que rodean los aparatos urogenitales o las axilas, sino también en las variaciones de sus emanaciones, determinadas por la temperatura del cuerpo, la edad y, en el caso de la mujer, los ciclos menstruales.
Por otra parte, el hombre ha descubierto en la naturaleza y en el laboratorio los medios de producir innumerables olores diferentes de los corporales, que refuerzan y amplían sobremanera los mecanismos de excitación erótica en función de la personalidad de los individuos, su grado de refinamiento y de percepción del entorno, y también de su sexo, edad y propósitos. En este sentido, los perfumes, al actuar sobre la sensualidad de los seres humanos, son los principales aliados del olor corporal para estimular el deseo sexual. Por esta razón, el olor de la pareja está casi siempre asociado al perfume que usa, y el reconocimiento de éste en otras circunstancias evoca su recuerdo y el placer de su contacto físico. Dado que el acto de perfumarse no se limita simplemente a oler bien, sino nue se busca ejercer, de acuerdo con la propia personalidad, un efecto agradable y excitante en los demás, los componentes del perfume deben evocar y reforzar el propio olor corporal. Pero la acción erotizante de los componentes de «olor animal» sólo se produce cuando las imágenes y los recuerdos que suscitan permanecen en el subconsciente, pues de lo contrario puede generar el rechazo de dicho olor. En otras palabras, el olor animal cumple con la función de erotizar en la medida en que no es percibido como tal. De ahí que las sustancias animales fuertemente erógenas deban dosificarse adecuadamente y tengan que ser enmascaradas con otros componentes que mediaticen los recuerdos olfativos corporales.
fragancias
Perfume y glamour se dan la mano en esta fotografía de estudio de la célebre actriz estadounidense Rita Hayworth.

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