Perfumistas y modistos

Hace más de doscientos años que los perfumistas empezaron a fabricar artesanalmente sus productos para las escasas personas que podían adquirirlos. Al industrializarse la producción bagaron los costes, con lo que los perfumes y sus derivados pronto estuvieron al alcance de un público cada vez más numeroso. A principios del siglo XX, las marcas perfumistas continuaban manteniendo la fabricación exclusiva de las fragancias, hasta que el modisto Paul Poiret lanzó al mercado Les Parfums de Rosine.

Cuando Marylin Monroe confesó que lo único que se ponía para dormir eran «unas gotas de Chanel N.° 5» y, como consecuencia, este perfume llegó al puesto número uno de ventas en el mundo se consolidó el papel de los modistos al frente del mercado mundial de las fragancias. Mercado que en el último tercio del siglo XX, dos hechos vinieron a modificar.

Por una parte, la creciente importancia adquirida por los productos masculinos, que, en la actualidad suponen casi el cuarenta por ciento del total de los lanzamientos-, y por otra, el peso del mercado estadounidense, con sus millones de consumidores potenciales de gran poder adquisitivo. En la actualidad, los altos costes que supone todo el proceso de lanzamiento de un perfume, desde la investigación previa hasta la comercialización, han dado lugar a que gran parte de las firmas conocidas estén en manos de multinacionales que controlan el mercado cada vez más universal del perfume.

fragancias

Cuando alguien piensa en perfumes, es probable que la primera imagen que acuda a su mente sea la de un elegante y sofisticado anuncio de Chanel.

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