La caja del perfume

La caja o envase (packaging) en el que se presenta el perfume es otro de los elementos que han adquirido una importancia decisiva en la composición de la imagen de marca y producto. De hecho, esta segunda «vestidura» de cartón, madera, metal, cuero o plástico, completa y enriquece el perfume en la medida en que realza su originalidad y su condición de artículo de lujo.
La sofisticación puede llevar a que la caja se convierta en un lujoso estuche o en una trabajada cubierta metálica. Al mismo tiempo que las casas de perfumes y los grandes perfumistas recurrían a artistas para el diseño de sus frascos, también propiciaron la adecuada presentación de los mismos, logrando de este modo verdaderos prodigios de lujo y originalidad. Una de las primeras y más bellas cajas fue la que contuvo el perfume Ilusion, que la casa alemana Dralle lanzó en 1911. El moderno frasco de este «muy exclusivo» perfume iba dentro de una preciosa cesta rectangular de cintas doradas de metal.agua de coloniaBote de hojalata, en lugar del clásico estuche de cartón, diseñado para Jean-Paul Gaultier. El bote hay que abrirlo con un abrelatas.

Perfumes y fragancias

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La imagen de marca

Las firmas perfumistas constataron la importancia del diseño de los envases y no tardaron en tomar la decisión de imponer un estilo de marca. Ya no se trataba tan sólo de sugerir las características del perfume contenido, sino de reflejar la personalidad de sus creadores. Este apartado tuvo en las firmas Guerlain y Schiaparelli dos de los ejemplos más significativos. A partir del L’Heure Bleue, diseñado en 1912 por Baccarat, Guerlain confirió a sus envases líneas más limpias y directas, al mismo tiempo que lograba formas que evocaban el carácter moderno de sus perfumes, como Jicky, o misterioso, como Mitsouko, Shalimar o Liu. Elsa Schiaparelli centró su estilo en sugerentes y provocativas formas surrealistas, para cuyo diseño contó con la colaboración de artistas como Salvador Dalí, Jean Cocteau y Christian Bérard, y el empleo de la letra «S» como inicial de todos sus perfumes, excepto el denominado Zut, cuyo frasco evoca el cuerpo de una mujer. La industria perfumista se vio gravemente afectada durante la década de los cuarenta a causa de la Segunda Guerra Mundial. Pero acabada ésta, modistos como Christian Dior y Balenciaga propusieron un estilo de fragancias elegantes y envases sofisticados. La nueva imagen se concretó en frascos de líneas suaves y curvas, como las de los frascos de Miss Dior, producido por Baccarat en 1950; Quadrille, que Brosse diseñó para el español Cristóbal Balenciaga, en 1952; Trésor, creado por Georges Deslhomme para Lancóme, y Poivre, de Caron, y Cabochard, de Gres. Al mismo tiempo se elaboraron frascos de cristal y baquelita con formas sencillas o de pequeños animales para atraer al público juvenil e infantil, como los que contienen los perfumes Electrique, de Max Factor, Perfume O’Clock, de Stuart Product, Prince Douka, de Marquay, Sweet Pea, de Boot, o Mitcham Violéis, de Potter & Moore. En el último tercio del siglo XX, las líneas de diseño se acomodaron al crecimiento de la sociedad de consumo y diversificaron sus ofertas, teniendo en cuenta, sobre todo, el protagonismo de la juventud y el mayor poder adquisitivo de amplias capas de la sociedad. Hacia la década de los sesenta, creadores como Mary Quant, Barbara Hulanicki y Biba hicieron de Londres el nuevo faro de la moda. A partir de los años ochenta se dio la eclosión de fragancias más fuertes, presentadas en frascos de diseño cuyas líneas y formas juegan con las luces y sombras y con los movimientos de sus contenidos, o bien los ocultan detrás de una intencionada opacidad. En este sentido trabajan diseñadores como Serge Mansau, creador de los frascos de Paradoxe, de Cardin, y Mystére, de Rochas; Jacques Llórente, autor del Parfum, de Hermés; Fierre Dinand, diseñador de Y, de Yves Saint Laurent, y Calandre, de Paco Rabanne; Guericolas, diseñador de Diorissimo, de Dior; Granai, creador de los frascos de Nahéma, Jardins de Bagatelle y Derby, de Guerlain. Así mismo, los modernos diseñadores que utilizan las nuevas tecnologías para sus creaciones también recurren a otros materiales, como en el caso del frasco de Ángel, de Thierry Mugler, considerado uno de los envases más originales por su forma, pero también por el empleo de vidrio reciclado en su fabricación.fraganciasFrasco de Angel, de Thierry Mugler, elaborado con vidrio reciclado y con una original forma de estrella.

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Vanguardismo y diseño

La labor de artistas escultores del vidrio cambió el rumbo de la producción de las más importantes fábricas de cristales francesas, entre las que destaca Baccarat, creada en la localidad homónima en 1764 bajo los auspicios de Luis XV para competir con los productos de cristal de Bohemia. A finales del siglo XIX, la dirección de Baccarat apostó por la producción de alta calidad de frascos y tapones para perfumes dentro del estilo Art Nouveau para satisfacer la demanda de clientes como Houbigant, Guerlain, L. T. Pivert y Patou, a los que más tarde se añadieron Schiaparelli, Elizabeth Arden y Christian Dior, en tre otros. Para mantenerse en primera línea, la fábrica contrató en 1920 al escultor Georges Chevalier, quien firmó algunas de las más importantes creaciones de la década. Algunos de los envases más notables manufacturados por Baccarat son los siguientes: Astris, de L.T. Pivert; L’Heure Bleue y Mitsouko, de Guerlain; Essence Rare, de Houbigant; Joy, de Jean Patou; Nuit de Noel, de Caron; it’s You, de Elizabeth Arden; Liu, de Guerlain; Sleeping y Le Roy Soleil, este último con diseño del pintor Salvador Dalí, de Schiaparelli, etc. La década de los veinte estuvo marcada por el final de la Primera Guerra Mundial, el triunfo de las vanguardias artísticas y la irrupción de la mujer en el mercado laboral. Así mismo, la sociedad europea parecía querer olvidar el drama bélico y vivía el momento con intensidad y alocada euforia. En este marco de transición histórica convivieron en el diseño el Art Nouveau y los rasgos oníricos del surrealismo, y apuntaron las líneas sobrias, dinámicas y precisas de la modernidad. Y a este segmento pertenecen el frasco de Joy, producido por Baccarat para Jean Patou, y, sobre todo, el de Chanel N° 5; caracterizado por sus líneas limpias, su forma cuadrada y su sobria etiqueta blanca con letras negras. Así mismo geométricas son las líneas del frasco de cristal negro con pequeña etiqueta dorada de Mon Studio, de Callista. Reflejo de ese momento es también el logotipo que diseñó Paul Iribe para Jeanne Lanvin, en el que aparecen ella y su pequeña hija Marie Blanche, y que se convirtió en un sello de marca, junto con sus frascos de cristal negro y de formas esféricas, como el del perfume My Sin, diseñado por Armand Rateau. La libertad que prevalecía en los diseños y que respondía al espíritu de la época, se manifestó en la gran diversidad de las formas que iban desde la simplicidad de líneas del N° 5, Mon Studio, L’Aimant, de Coty, hasta las más elaboradas, como el gato sentado con cabeza metálica de Corday o la corona real diseñada por Prince Matchbelli. Junto a estos envases también se produjeron otros que imitaban objetos cotidianos, como el cenicero del perfume Carnation, de Bristow, y la botella de coñac del Carnet de Bal, de Revillon.fraganciasEn 1932, el premio al mejor frasco del año recayó en el que Lalique había elaborado para Le Baiser du Faune de Molinard.

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Nace el glamour

El talento creativo de Lalique, que también dio continente a los perfumes de Roger & Gallet, Rigaud, Forvil, Worth, D’Orsay y Molinard, sirvió para establecer un puente decisivo entre los antiguos artesanos del vidrio y los modernos diseñadores de la era industrial. Así, en la estela de Lalique surgieron los nombres de Armando Rateau, quien creó un frasco de vidrio negro en forma de bola para el Arpége, de Lanvin; Felice Bergaud, quien diseñó para Carón Fleur de Rocaille y Rosa de Noel; Louis Chalón, creador del frasco del Bouquet Nouveau, de Roger & Gallet; Julien Viard y Dephinoix, quienes trabajaron en los estilizados frascos de la firma británica Dubarry, etc. Durante la primera década del siglo XX, las firmas de perfumes comprendieron que un frasco, una etiqueta y una caja bien diseñados eran unos elementos imprescindibles para caracterizar artísticamente sus marcas y, a la vez, llamar la atención de un público cada vez más amplio. La industria francesa del perfume cobró un rápido auge impulsada por el prestigio de algunos creadores y el interés de no pocos empresarios de otros países, que buscaron en la imagen de Francia el mejor medio de situar sus fragancias. Éste es el caso, por ejemplo, de los perfumistas alemanes, que no sólo establecieron su compañía en París, el año 1908, sino que buscaron para ella un nombre francés. Tal nombre debía darles una imagen de glamour, y la encontraron en un conocido artista y dandi francés llamado Gabriel D’Orsay, quien no sólo dio su nombre a la firma, sino que su retrato sirvió de reclamo publicitario en los envases de los perfumes. En 1912, D’Orsay presentó su perfume Chypre en un estilizado frasco semiesférico situado dentro de un original estuche de piel de cabritilla. El año anterior, la fábrica de cristales francesa Brosse produjo para Caron un pequeño frasco redondo con tapón negro para el perfume floral Narcisse Noir. El éxito obtenido por el perfume, al que no fue ajeno el diseño de su envase, movió a algunas compañías a copiar el frasco y a Carón a promover acciones legales contra ellas.fraganciasSelección de frascos diseñados por Marie-Claude y Marc Lalique para Nina Ricci.

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La Revolución Industrial

El carácter artesanal y limitado de la producción de los frascos se mantuvo hasta que se industrializó la producción de perfumes y se impusieron los nombres de los primeros grandes perfumistas. Gracias a ellos, a partir del siglo XIX la producción de frascos adquirió un impulso decisivo. Sin perder su carácter de envase de un producto de lujo, su producción se diversificó e incorporó por primera vez en la historia la etiqueta con la marca y el nombre del perfume. Durante varias décadas, Vouloud, Legrand y Pinaud, entre otros, proveyeron de frascos a los perfumistas, que se valieron de la etiqueta para distinguir sus productos. La industrialización aparecía así como un factor de estandarización, que chocaba con las pretensiones de originalidad y distinción que reclamaban para sí y sus fragancias los maestros perfumistas. Fue entonces cuando el maestro vidriero Rene Lalique rompió la inercia industrial con un frasco artístico, Poissons, de 10 centímetros de alto y forma de flecha, hecho con la técnica de la cera perdida. El primero en contratarlo para que creara los frascos de sus perfumes fue François Coty, y Rene Lalique, considerado uno de los más emblemáticos orfebres del Art Nouveau, respondió con originales e imaginativas creaciones. Algunos de sus más bellos envases son los que realizó para los perfumes Muguet, de Coty, y Coeur Joie y L’Air du Temps, de Nina Ricci.fraganciasSelección de vasos y pulverizadores esmaltados, con camafeos, de finales del s. XIX y principios del XX, realizados por Galle.

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Evolución de las técnicas

Durante la Edad Media europea, si bien los perfumistas existían como comerciantes especializados en Francia, en general, la elaboración de los perfumes en el continente formaba parte de las tareas de los boticarios, y de su venta se ocupaban los merceros, que eran los encargados de envasarlos en frascos. Hacia el siglo XVI, coincidiendo con el movimiento humanista que inauguró el Renacimiento, comenzó a extenderse el uso de los perfumes como reflejo del nuevo espíritu cultural. Paralelamente a la moda de llevar colgadas del cuello o de la muñeca piedras de ámbar cinceladas en oro y plata, con formas de pera, granada o bellota, y con varios compartimentos para otros tantos perfumes secos, que los cruzados trajeron de Oriente, el desarrollo de la destilación y la difusión de las esencias volátiles propició la fabricación de nuevos tipos de envases. En Venecia, las fábricas de cristal de Murano, alentadas por este impulso y por su temprano comercio con Constantinopla, elaboraron preciosos frascos de vidrio blanco, ligeramente opaco o con filigranas. Los avances con este material para los frascos de perfume se produjeron en el siglo XVII, cuando en las fábricas de Bohemia se obtuvo a partir del cuarzo un cristal lo suficientemente duro como para que pudiera ser tallado, teñido, grabado o dorado. En ese momento histórico, y en el marco de un nuevo auge de la porcelana promovido en Francia por la Compañía de Indias, también se produjeron con este material pequeños frascos de perfume de bellos e intensos colores rojos y azules. El empleo de la porcelana en los envases de perfumería tuvo continuidad en el siglo XVIII, cuando las fábricas francesas y las austríacas de Viena y alemanas de Meissen elaboraron coquetos frascos antropomorfos; y las de Inglaterra, con formas de cisnes y cupidos. Junto a los frascos, algunos con un compartimento para el perfume líquido y otro para bolas perfumadas, se difundieron así mismo otros objetos de perfumería. Entre ellos cabe citar las cajas de madera, plata dorada, ágata y otros materiales, labradas o engastadas con piedras preciosas o perlas. Particular éxito alcanzaron las llamadas «vinagreras», cajitas de plata dorada o ágata en las cuales se conservaban esponjas empapadas en vinagre aromático, y que a finales del siglo XIX tuvieron una original versión en las «bergamotas» de Grasse. Éstas eran cajitas hechas con la cascara perfumada de la Bergamote mellarose, que se adornaban con motivos populares y en las que se guardaban frascos de perfumes u otros elementos de perfumería.fraganciasLekythos griego decorado, empleado para fragancias y ungüentos.

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Frascos clásicos y modernos

El perfume se ha asociado desde siempre al lujo y la distinción, motivo por el cual los frascos han venido siendo auténticas obras maestras de la artesanía, realizadas con materiales preciosos. La moderna industria de la perfumería se esfuerza por escapar a la estandarización mediante la originalidad del diseño.
El antiguo pueblo egipcio era muy aficionado a los perfumes, de los que disponía de una gran variedad en forma de aceites, cremas y ungüentos. En un principio, los sacerdotes eran los únicos autorizados para proveerlos, razón por la cual suelen ser considerados los primeros perfumistas artesanos, y lo hacían en una gran variedad de envases: botellas, frascos, jarrones y pomos de cristal, alabastro, ónice, pórfido y otros materiales preciosos y duros, que, en el caso de los usados en el ritual religioso, podían llevar grabados el nombre del dios a quien se dedicaba la ofrenda aromática; también empleaban cajas de madera labrada o de marfil de las más diversas formas, incluso con dos o más compartimentos destinados a otros tantos perfumes o cosméticos. Los asirios y los caldeos, así mismo, guardaban en pomos de cristal o alabastro las esencias líquidas, y en cajas de calcedonia o de porcelana, los ungüentos, para disfrutar de «los buenos olores» cuando había pasado la primavera. Los caldeos, que hicieron de Babilonia el mayor mercado de perfumes de Oriente, sentían tal predilección por ellos que hasta en los banquetes reales disponían cazoletas con perfumes.
Los fenicios, impulsores de la industria del vidrio, produjeron bellos frascos de perfume adornados con florones. Los romanos, valiéndose de la técnica del soplado de vidrio, fabricaron así mismo frascos y ampollas de perfume de vidrio irisado azules y amarillos. Como los griegos, también dispusieron de pequeños pomos y frascos de oro, ónice y alabastro de los más variados diseños, como el frasco en forma de pera llamado que llevaban a los baños. Los árabes, que se convirtieron en los más famosos productores y mercaderes de perfumes antes de la era musulmana y que, al parecer, aportaron el alambique para la destilación, dedicaron especial atención a los envases.
Su costumbre de rociar a los visitantes de la casa con agua de rosas los llevó a inventar el gulabán o rociador, pequeña vasija de cuello estrecho y largo, hecha de cristal, barro, oro o plata ricamente labrados, que pasó al tocador de los turcos y puede ser considerado como el antecesor primitivo de los modernos pulverizadores. fraganciasEn Corinto y Rodas se han hallado numerosas vasijas de arcilla para perfumes. Es probable que esta vasija de cristal coloreado contuviera también esencias en su época.

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La imagen del perfume

La histórica consideración del perfume como un artículo refinado que distingue a quien lo utiliza, personalmente o como ofrenda, ha condicionado también su envase y su envoltorio. La perfumería moderna, que se inicia en el siglo XIX en correspondencia con los nuevos tiempos industriales, se lanzó a la conquista de un gran mercado realzando a los ojos de los consumidores las exquisitas cualidades de sus perfumes en preciosos frascos y cajas. De aquí nace la estrecha colaboración con artesanos vidrieros, primero, y diseñadores industriales, más tarde, lo cual ha dado lugar a que algunos perfumes sean identificados no sólo por sus cualidades intrínsecas, sino también por el envase que los contiene. En este sentido, es difícil imaginar al célebre Chanel N° 5 en otro frasco que no sea el elegante y sobrio con el que impuso en su momento su idea de modernidad. El frasco y la caja que contienen, presentan y dan imagen a un perfume han sido y son objeto de cuidados y refinados diseños con los que se pretende transmitir al consumidor potencial la «filosofía» de la marca y de su creador, y, al mismo tiempo, sugerir la personalidad del perfume y, por extensión, la de quien lo utilice. A través del frasco con el que es identificado, el perfume parece adoptar un elemento capaz de prolongar su presencia y trascender su naturaleza evanescente.perfumesEste moderno frasco de Hugo Boss va dirigido a un público joven, a través de una línea esencial e informal.

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Worth

De todo lo que la familia de modistos Worth creó en su tiempo, sólo los perfumes siguen estando de actualidad y conservan su lugar en la alta sociedad moderna. Sin embargo, a principios del siglo XX, los nombres de Charles Frederick Worth y su hijo Jean-Philippe representaban, para quien estuviera familiarizado con los distinguidos y fastuosos círculos de la aristocracia, la Elegancia, con mayúscula, tal como ellos mismos enseñaron a imaginarla a las grandes damas del momento. Charles Frederick era inglés, aunque hizo carrera en París, donde muy pronto sus elaborados modelos llamaron la atención de la emperatriz Eugenia, quien lo convirtió en modisto de la corte. Auténtico inventor del oficio de modisto, se consideraba a sí mismo un artista, y se negaba a aceptar indicaciones de sus escogidas dientas sobre cómo debía ser el vestido. Su papel de arbitro de la elegancia y el buen gusto le llevó a proponer no sólo los vestidos que debían llevarse cada temporada, sino también qué tipo de joyas, peina do y perfume eran adecuados en cada caso y ocasión. Jean-Philippe heredó el nombre y la fama de su padre, y supo mantener el prestigio de la sastrería gracias a su capacidad creativa y a su imaginación, y gracias también a la inestimable colaboración de su hermano Gastón, quien supo dar mayor empuje y sentido comercial a la empresa, a la que más tarde se incorporó su hijo Jean-Charles. Fue en 1922, al tiempo que los cambios se aceleraban en la sociedad y los diseños de una joven modista que se hacía llamar Coco Chanel empezaban a ganar la partida a las grandes piezas de los Worth, cuando se decidieron a lanzar una línea de perfumes con el nombre de la sastrería. La idea se debía al perfumista Maurice Blanchet, quien fue también el principal responsable de las nuevas fragancias. En 1924, casi simultáneamente al lanzamiento del famoso Chanel N° 5, apareció el primer perfume de la línea Worth, con el nombre de Dans la Nuit, y le siguieron Vers le jour, Sans Adieu, Je Reviens, el más célebre de todos ellos, y Vers Toi. Los nombres de los perfumes, escritos por orden de aparición, componen una breve historia de amor.perfumesCharles Frederick Worth vistió a las principales casas reales de Europa a lo largo de la segunda mitad del s. xix. En este retrato realizado en 1865 por Winterhalter, la emperatriz Isabel de Austria luce un tul diseñado por Worth.

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Versace

Con el apoyo incondicional de su madre, dedicada al mundo de la moda, Gianni Versace supo hacerse un lugar en el mundo italiano de los grandes modistos. En 1978 fundó una empresa con un acentuado carácter familiar: reunía el talento de Gianni con la capacidad comercial de su hermano Santo, y los rostros que aparecían en los anuncios eran los de su hermana, Donatella, encargada de la imagen de la marca, o bien de los hijos de ésta, Allegra, Antonio y Francesca. Todo quedaba en familia, pero la proyección internacional de Versace no dejaba de crecer, y no sólo por sus diseños de moda, sino también, y cada vez en mayor medida, por la calidad de los perfumes, introducidos en su línea comercial a partir de 1981. Gianni Versace, Redjeans, Bluejeans, Babyrosejeans, Babyblue jeans y Blonde son sólo algunos de los nombres de la gran variedad de fragancias y estilos que propone Versace para todas las edades, y que parece no dejar de aumentar y diversificarse: en 1994 se comprometió a crear un perfume nuevo cada dieciocho meses, cada uno con un color distinto, compromiso que hasta su muerte cumplió puntualmente.perfumes

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